| Problemática

Antonio Chávez
Voy a la problemática del concepto sobre un dios en particular (el
judeocristiano), cuando se pretende sustentar su existencia a través
de la ciencia. Respecto a esta:
- la ciencia no
formula teorías absolutas, sino provisionales
- estas son
provisionales porque cambian y son transformadas, ajustándolas
a las observaciones de la naturaleza y no al revés (no
ajustamos la naturaleza a las teorías científicas)
Respecto al dios, se tiene un aparato filosófico (teología) y no
científico que rodea a la definición de este, la cual es pues una
definición teológica, no científica. El susodicho dios, según
esta definición (realizada por seres humanos) es un ser absoluto,
eterno, perfecto, creador de todo a partir la nada, además
infinitamente sabio, justo, bondadoso y finalmente incognoscible por
la mente humana. Al margen de que esta misma definición ya contiene
la contradicción de poseer atributos humanos y ser a la vez
incomprensible por el humano, veremos como la ciencia no ayuda nada
a definir este dios.
No puede haber una definición científica de dios, ni esta pudiera
ser científicamente demostrable, porque tal definición escapa de
las explicaciones y observaciones naturalistas, actos intrínsecos
del método científico (sin embargo, la demostración inversa es
posible, por lo menos indirectamente, porque según la ciencia, el
universo no es eterno ni absoluto, tampoco perfecto ni bueno). La
ciencia no pude medir la masa de este dios, no puede analizar una
composición biológica, química o física que no puede observar;
nunca la ciencia ha registrado algún evento en la naturaleza que
pueda ser atribuible a acto divino (entiéndase como algo que
carezca de explicación natural). No se ha detectado ondas de radio,
magnéticas, radiación o algún tipo de emisión de energía o partículas
que puedan ser atribuibles a una causa sobrenatural. Tampoco existen
estructuras ni niveles de organización de la materia que puedan
valorarse como perfectas; la gran biodiversidad terrestre no es
prueba de perfección sino todo lo contrario, un constante
prueba/error en la evolución; y no sobreviven las especies
perfectas, sino las que puedan adaptarse a los cambios. La
inteligencia humana es tan útil para la supervivencia como la
coraza de un cangrejo. La correcta funcionalidad o armonía de las
leyes universales no puede ser calificada con tal virtud, porque la
distribución de la materia y la energía no es uniforme, por eso
pudieron formarse las galaxias, los agujeros negros y la
inteligencia. La perfección implica simetría y uniformidad
absoluta, sin cambios, eterna. Por lo tanto, no es posible un ente
perfecto que cree un universo no perfecto, no es posible que exista
un ser creador absoluto e inmutable en un universo que cambia, que
se transforma, que no es uniforme o en todo caso ese ente no pudo
crear nada, con lo cual no hay justificación mística para su
existencia. Mucho menos podremos afirmar que el universo contenga
bondad (¡esto parece una broma!), cuando la bondad es un
concepto moral humano que la misma teología que define este dios ha
inventado. [Ver colaboración número 40].
Finalmente, respecto al actual modelo teórico científico que
explica el universo (unificación de la física cuántica y la
relatividad, auto contenido, sin un “afuera”) que se usa como
soporte para sustentar la definición teológica del dios
judeocristiano, habría que advertir que dicha teoría no esta
probada como la definitiva aun. Su verificación está pendiente
para los siguientes cinco años quizás, y de demostrarse como
fallida, la física tendría que replantear casi toda su teoría de
nuevo, hasta lograr otro marco teórico más adecuado. ¿Qué pasará
con la teología? ¿Qué pasará con la definición de su dios?
Como la historia nos demuestra, la teología cristiana ha sabido
adecuarse muy bien a los cambios científicos de una explicación
del universo (ya sabemos que dichas explicaciones no incluyen ningún
ser eterno ni absoluto, ni menos incognoscible, por lo tanto
opuestas a las doctrinas teístas). Enfrentado a estas
circunstancias, la actitud del pensamiento cristiano ha sido la de
acomodarse al pensamiento intelectual, para poder mantener
inalterables sus dogmas religiosos, y seguir sosteniéndose como
institución social, perpetuando su influencia.
Más concretamente, paralelo al marco teórico del Big-Bang, ahora
tenemos a un dios redefinido en términos de avance científico.
Antes por ej. ya se había redefinido el relato bíblico de la
creación del mundo en seis días, transfigurando la interpretación
de dicho relato (y exigiendo que se le tome por metafórico), para
que se acomode a las escalas geológicas y evolutivas de la historia
científica de la Tierra. Esto hubiera sido inconcebible en la época
medieval precientífica, porque al no haber alternativa para el
conocimiento, la Biblia debía que ser tomada al pie de la letra.
Recordemos que por esos tiempos eran paralelos los conceptos de
tierra plana, tierra curva y geocentrismo, verdades inamovibles,
solo para acordar con lo bíblico. El caso de Galileo es elocuente.
En una era en la que ciencia, religión y política estaban
fundidos, una era de máximo poder del cristianismo, una teoría
científica, matemáticamente demostrable, fue rechazada y condenada
por la iglesia, por no coincidir con la “ciencia” de la Biblia.
Si Darwin o Einstein hubieran aparecido en siglo XVI, hubieran sido
condenados a muerte.
Pero con el renacimiento y luego la ilustración, se generó una
lenta revolución intelectual. La ciencia pudo descartar lo divino
en su método de investigación. No mas paralelos con la Biblia y en
franca oposición a los dogmas católicos. Por esto el cristianismo
la convirtió en un virtual enemigo, no siendo esta la finalidad de
la ciencia, era inevitable el enfrentamiento intelectual. La Iglesia
no podía volver ya a la Santa Inquisición, así que cambió en su
política exterior. Y este cambio se da sólo en la superficie del
pensamiento cristiano, respecto a la interpretación de la Biblia y
la definición de su dios. Aunque aparenta ser parte normal de las
transformaciones psicosociales, en realidad no puede haber tal
cambio a un nivel profundo, debido a la concepción sus fuentes
doctrinales: si por definición religiosa su dios es perfecto e
infinitamente sabio, y la Biblia es un texto inspirado por ese dios,
entonces de nuevo tenemos que lo perfecto e infinitamente sabio no
puede producir algo imperfecto y falto de conocimientos. Lógicamente,
como el relato del Génesis debería ser el conocimiento correcto y
perfecto eternamente, no tendría que sufrir “metaforización”
ni pasar por “interpretacionismos” dentro de la era científica.
Esta es una grave contradicción que arruinaría todo el aparato de
poder cristiano. Según la Biblia debería ser cierto que los
insectos tengan 4 patas, que los murciélagos sean aves, que un
burro hable, que la tierra sea plana o que el semen y el sexo sean
“impuros”, y si todo esto es ahora cualificado como mitológico,
entonces ¿por qué tenemos a este libro de cuentos como autor de
nuestra moral?
Que la iglesia reconozca en el siglo XX la evolución como un hecho,
es simplemente una circunstancia intelectual ineludible, frente a
las pruebas y experimentos, era insostenible su postura anti-evolución,
mas no implicó ni un mínimo cambio real en el pensamiento teológico,
porque aunque superficialmente se admitió la evolución como un
hecho natural (algo ateísta), en la práctica se siguió
manteniendo el dogma de su dios como el creador original de la vida.
¿Y qué pasaría si la evolución estuviera equivocada? ¿Un nuevo
modelo teórico científico la podría reemplazar y en dos décadas
quizás la futura iglesia reconozca a este como real?
El dogma de la inmaculada concepción se sigue manteniendo, a pesar
que la ciencia nos ha enseñado como se conciben los niños. Y ahora
que la ciencia ha descubierto la partenogénesis, entonces la táctica
teísta es pretender explicar su dogma con este fenómeno natural.
¿Y si la ciencia descubriera algún fenómeno mas “adecuado”
para el dogma?... pues la iglesia adoptaría este nuevo como la
explicación nueva. No hay modernización sino simples tácticas
de manutención del dogma.
Hay un problema como consecuencia: que el dogma pueda ser científicamente
demostrable como un hecho natural. Esto implicaría que no es tal, y
por lo tanto la doctrina mística seria insostenible, entonces debería
ser considerada como la perpetuación forzada de una psicopatología
social, para ejercer control. Todo esto ya está planteado por el
psicoanálisis de la religión.
Los
teólogos saben que corren este riesgo, así que a lo largo de su
historia, la esfera de poder cristiano ha sabido acomodar su
pensamiento y hacerlo aparentemente flexible, lo cual no es cierto y
es
denunciable.
Antonio Chávez
[Énfasis de MiltonAsh]

Sr. lector. ¿Quieres publicar tus
escritos/colaboraciones? (recuerda leer antes las condiciones en la
entrada Colaboraciones)
Colaboración
anterior Colaboración
siguiente
©
MiltonAsh
|