| La
pasión de Hypatia

Julio César Millán
Cómo puede a alguien ocurrírsele
inventar un Dios que pide el sacrificio de una persona (sea o no de su
misma naturaleza "homoiosus") para rescatarnos de un lugar
que él mismo como Todopoderoso simplemente puede eliminar.
Por qué necesitamos de eso para vivir?
Yo sé que el mundo es una porquería (lo sé aún más cuando
leo la historia del cristianismo). Entiendo que el hambre y la pobreza
nos quita la dignidad y nos vuelve "miserables" como los
personajes de Victor Hugo. Sé que también la riqueza puede volvernos
miserable como a un personaje de Balzac.
Sin embargo, porque tenemos que aceptar la primera historia
truculenta que nos ofrezca una respuesta a las dificultades de la
vida, no es más digno morir sin aceptar rendirle culto a un
dios/demonio que envía niños al infierno si sus padres no hacen
determinado rito, no es más digno decir NO ante la tiranía de quien
te obliga a matar en nombre de un Paraíso Perdido, de quien te pide
tomar una espada para desangrar a los "infieles" bajo la
consigna: "Mátenlos a todos, Dios distinguirá a los
Suyos". Acaso no
murió Jesús por unos ideales humanísticos?
Lo único que pueden decirnos las fuentes supuestamente
fidedignas y legítimas es que un predicador judío fue asesinado por
los poderes de su tiempo, no porque quería fundar una nueva religión,
sino porque al parecer, como lo indican algunos pasajes de los
Evangelios, pedía una actitud ética ante la vida, por encima de las
supersticiones, porque creía que una vida con ideales pero sin una ética
coherente a esos ideales, no tenía sentido.
Ahora este hombre que
supuestamente existió históricamente ha sido de nuevo vendido por
quienes se proclaman sus seguidores, por 30 monedas de plata o por 200
millones de dólares, igual: que tan fácil es entrar en el
"Reino de los Cielos" a alguien que obtiene dinero y se hace
rico así?
Cómo el sufrimiento de una
persona y su atroz crimen, puede justificar tantos otros?
Sin embargo, no era de eso que
quería escribir, al fin y al cabo no tengo la respuesta.
Quería escribir sobre otra
persona, cuya vida se desarrolló en otra época, en otra ciudad, pero
que también se acercaba a los despreciados de su tiempo.
También ella era despreciable según algunos: era mujer.
Vivió en Alejandría en el siglo V, era matemática, filósofa,
científica, una Galileo mil años atrás.
Trabajaba como docente e investigadora científica en el Museo
adjunto a la biblioteca de Alejandría, aquel maravilloso faro de la
Humanidad que iluminó a Occidente por tanto tiempo, que alguna vez
tradujo las escrituras hebreas al griego (así se hayan cometido
errores pequeños como traducir doncella por virgen y de
allí justificar una historia fantástica), que albergó sabios de
todo el mundo, que mantenía los saberes de tantos tiempos y de tantos
lugares.
| Era mujer, era investigadora,
era científica, era filósofa, nunca había sido bautizada como
cristiana y a su edad no le había interesado adoptar ese credo, sí,
seguramente por un interés ambicioso y egoísta: le gustaba la
ciencia y en esa época las mujeres cristianas no hacían ciencia,
bueno y tampoco los hombres. Esa
era su inmoralidad. Era
admirada por su elegancia, según algunas fuentes por su belleza, pero
especialmente por su sabiduría y ecuanimidad.
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Tal vez por eso era odiada por Cirilo el obispo cristiano de la
ciudad, un pendenciero que le hizo la vida imposible a quienes se le
atravesaron por su camino, incluso si también eran cristianos como el
patriarca de Constantinopla (la capital del Imperio) Nestorio.
Cirilo había heredado el cargo de su tío el obispo Teófilo
quien ya había ocasionado muchas persecuciones y destruccciones a los
templos de religiones no cristianas. De lo poco no cristiano que
quedaba en Alejandría, era el templo al dios Serapis que albergaba al
Museo con su Biblioteca, y una comunidad judía pujante.
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En ese tiempo, Alejandría como
muchas ciudades del Mediterráneo habían acogido a los sobrevivientes
de la cultura judaica que había sido destruida en su patria natal
Jerusalén por el imperialismo salvaje de unos enfrentado al fanatismo
religioso de los otros. En
esa Alejandría liberal, cosmopolita, de mercados abiertos y
tolerancia religiosa, habían triunfado los judíos, y la habían
hecho más rica aún. Con
todo el derecho del mundo habían conservado su religión, con sus
virtudes y defectos, a pesar de que una secta surgida en su propio
seno, que le robó sus Escrituras y las utilizó en su contra, era
ahora el poder triunfante en el mundo. A pesar de que el Emperador
Romano ya era de ese nuevo culto, surgido, mas no fundado, por un
predicador judío asesinado por Roma y que ahora, irónicamente,
"acompañaba en espíritu" las batallas de los Romanos
contra los judíos.
Esos judíos eran para Cirilo un
"problema" , "una cuestión", a la que había que
encontrarle una "solución definitiva", y entonces decidió
predicar el odio contra la comunidad judía de Alejandría, para que
fueran expulsados de la urbe, y repetir la mentira mil veces dicha
desde Mateo hasta Hitler, pasando por Lutero, Wagner, Agustín,
Atanasio, Gibson: que los judíos habían matado a Dios. El interés
de Cirilo era recordarle al mundo que Alejandría era cristiana y sólo
cristiana, así como ahora Juan Pablo II le recuerda a Europa que es
"esencialmente cristiana", cristianizando Auswicth, Kosovo,
Yugoslavia, Andalucía. Como cuando Pio XII esperaba que la campaña
alemana en Rusia, devolviera al cristianismo católico a la comunista
y ortodoxa patria de Tolstoi y Dostoievski.
Cirilo se aprovechó de uno de
los mayores males de la cultura helenística y que finalmente forjó
su caída: la abominable esclavitud. Bajo la consigna de hacer a todos
los hombres libres (claro está en un hipotético y utópico paraíso,
no aquí en la tierra); sonsacaba a las masas de esclavos incontentos,
como Lenin agitaba las masas de obreros en la Rusia de 1917, para que
mataran por una utópica sociedad comunista. Quimeras y más quimeras.
Así mismo, el cristianismo ("la religión de la paz que no ha
llevado la paz a ninguna parte", Deschner), prometía libertad a
esos esclavos, en una utópica sociedad cristiana… en el cielo. Pues
ni Marx ni Jesús, como diría el escritor Jean Revel. La historia
demostraría que el cristianismo y el islam fueron civilizaciones que
practicaron una esclavitud más atroz y más extendida que las
antiguas.
Hypatia no se mantuvo
indiferente ante la injusticia que se cernía sobre un pueblo, que
desde ya era el chivo
expiatorio de todos los males del mundo, una nación sin tierra que no
tenía a dónde volver, que vivía en una diáspora eterna y que
enriquecía a Alejandría con su negocios y su cultura.
Por eso, protestó.
Y como consecuencia, ahora los
sermones de Cirilo se dirigieron contra esta mujer.
Un día mientras Cirilo
seguramente rezaba, sus seguidores interceptaron el carruaje en que se
dirigía Hypatia hacia su trabajo en la Biblioteca.
La violentaron, le despojaron de sus vestiduras y con ostras la
despellejaron viva. Fue
linchada y humillada.
Según Sócrates Escolástico: "La arrancaron de su carruaje, la
dejaron totalmente desnuda; le tasajearon la piel y las carnes con
caracoles afilados, hasta que el aliento dejó su cuerpo..."
Cirilo se lavaba las manos como
Poncio y disfrutaba del camino que "la voluntad de Dios" le
había despejado. Su otro enemigo, Nestorio, fue desterrado a los
confines del Imperio, logró en el Concilio de Efeso, imponer a punta
de sobornos el Dogma de María como Madre de Dios,
definitivamente parecía que ese Dios estaba de su lado. Para
elevar su gloriosa vida, años más tarde después de muerto fue
canonizado por la Santa Iglesia Católica, mientras Hypatia y Nestorio
eran olvidados y los judíos
seguían perseguidos.
Cómo el sufrimiento de una
persona (Jesús) en otro siglo en otro tiempo, puede justificar el
asesinato atroz de aquella (Hypatia) que en consistencia ética era más
cercana a lo que el primero predicaba (Jesús), que a quienes decían
ser sus vicarios (Cirilo)?
Volví a una pregunta sin
respuesta.
Nadie va a hacer una película
de esta mujer, yo que la he admirado desde que leí su historia, no le
voy a rezar para que resuelva mi vida y mucho menos voy a idealizar su
sufrimiento como un Sacrificio al que debo recurrir para deshacerme de
las consecuencias de mis actos buenos o malos ("el sacrificio de
Cristo en la Cruz limpiará tus pecados").
Muchísimo menos, voy practicar un rito diario de inmolación
(supuestamente no cruenta) en repetición o conmemoración de ese
horrible acontecimiento, como hacen, no todos los cristianos,
concretamente los católicos en la Eucaristía y que Mel Gibson
encadena muy bien en su película, algo en que deberían fijarse
atentamente los cristianos no católicos que vayan a ver la cinta.
Tampoco me colgaré una ostra de oro con esmeraldas en mi
cuello, o una réplica en plata del revólver del siglo XIX que mató
a Abraham Lincoln, ni un bonita botella de cicuta como la que Sócrates
optó por tomar tan dignamente.
Simplemente quería contarles
una historia que a mí me entristece.
Un problema para quienes
les gusten las matemáticas
Es seguro que en sus numerosas explicaciones sobre la Aritmética de
Diofanto, Hypatia propuso a sus alumnos este problema (nunca lo
sabremos porque su memoria fue desterrada de la historia, junto con su
escritos, y los libros de la Biblioteca), que es el que inicia la
serie de 39 problemas que se incluyen en el Libro I de su tratado:
Dividir
un número dado (por ejemplo, 135) en dos partes, cuya diferencia sea
conocida (por ejemplo, 87)
Julio César Millán

Nota de MiltonAsh:
Lo siento, Julio César,
pero no puedo aceptar eliminar tu colaboración tal como me pides. Es muy
valiosa para el Web y la escribiste cuando todavía eras libre. Al parecer
ahora alguien te ha comido el coco y crees que lo que escribiste estaba
mal. Pero te aseguro que está muy bien y aquí te la encontrarás cuando
despiertes.
Punto 5C de
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