Dedicado a Francisco Acosta GTZ, quien
en sus jóvenes 17 años, aún está a tiempo de leer obras como
“El gen egoísta”, ó “El relojero ciego”, del escritor
Richard Dawkins (Premio Cosmos 1997, y titular de la cátedra
Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia, Universidad de Oxford),
que desarrollan con amplios detalles, el “argumento del diseño”.
Hay tres maneras por las que las
entidades estadísticamente improbables pueden llegar a existir: En
primer lugar, por el azar o la suerte. Ello, por propósitos prácticos,
se suele descartar si la probabilidad es lo suficientemente baja. Así
por ejemplo, es razonable suponer que una computadora no llega a
existir por “generación espontánea”. Debemos señalar sin
embargo, que el hombre, hasta tan solo el siglo pasado, creía
precisamente en ello!, al postular las teorías de la generación
espontánea, brillantemente rebatidas por Spallanzani primero, y
luego por Pasteur. (Una entidad estadísticamente improbable, es
definida por la teoría de la información, como una combinatoria de
frecuencia ínfima en un espacio informacional dado, pidiendo
disculpas por la definición un tanto burda de un concepto que
amerita mayor rigor).
En segundo lugar, por diseño
deliberado, que es la forma, por cierto, en como los carros y los
edificios llegan a existir.
En tercer lugar, por evolución gradual,
por pequeños cambios acumulativos, guiados por la selección
natural de variaciones aleatorias (al azar). Esta tercera teoría es
una alternativa genuina a la teoría del diseño, y a excepción de
los creacionistas a ultranza, la gran mayoría de los biólogos
consideran que es la forma en que funcionan los seres vivos en este
planeta. No hay semana, en que las revistas científicas dedicadas
al estudio de los seres vivos, no publiquen nuevos descubrimientos
en los que este principio se ve confirmado ad nauseam, desde
disciplinas tan diversas como la genética de poblaciones, la etología,
la ecología, la biología general, la bioquímica, etc. (Revísese
por ejemplo, cualquier número de las revistas Science y Nature).
Pueden aplicarse estas posibilidades a
la hipótesis de la existencia de Dios?
Notemos en primer lugar, que un ser
capaz de diseñar el universo, (y en este caso no importa que
“exista” en tres, once o cuatro dimensiones), e incidentalmente
capaz de perdonar pecados (poseyendo entonces LA INFORMACION sobre
los pecadores y sus faltas) e impregnar vírgenes, tiene que ser una
entidad tremendamente sofisticada y compleja. Ello deja nuestra
primera posibilidad sobre su existencia, EL AZAR, fuera de lugar
como posible explicación. Tal entidad no puede surgir de chiripa.
Nos quedan por lo tanto las hipótesis de un (meta) diseñador, o la
evolución acumulativa y gradual.
Ahora bien, no conozco un teólogo que
haya propuesto para hipótesis de la existencia de la divinidad, la
vía evolutiva (tendría, y esto es importante entender, que
postularse la existencia de una población de dioses, donde actuaría
la selección natural !!)
El argumento de que el ojo, digamos, o
la columna vertebral no pueden haber surgido del azar es un buen
argumento, porque “surgir del azar” es un sinónimo de
“emerger espontáneamente e instantáneamente a la existencia”.
La ironía es que este argumento en contra del azar es el usualmente
utilizado por los creacionistas en contra de la evolución. De
hecho, es el argumento mas poderoso en contra de la creación, ya
que la creación realmente asume que algo complicado puede emerger
espontáneamente a la existencia. La evolución por selección
natural ofrece la única solución final hasta ahora planteada al
enigma de como pueden llegar a existir las entidades estadísticamente
improbables en nuestro universo. Esta es la importancia profunda que
el Darvinismo introdujo en el pensamiento del último siglo, y en
verdad que le hacemos poca justicia al colosal trabajo intelectual
que esta teoría realiza para nosotros. El Darvinismo no solo deja a
Dios innecesario como artificio explicatorio, muchos sofisticados teólogos
admiten el hecho, pero también la misma lógica de esta teoría,
nos muestra que la probabilidad de la existencia de Dios es muy pero
muy baja, por la misma razón de que es aún menos probable, que el
chance de que una columna vertebral o un ojo puedan emerger espontáneamente.
En aquellos días en que no entendíamos
como un ojo podía existir, Dios tenía ciertamente su plausibilidad
(ilusoria como demostrara Hume). Pero al explicar la evolución de
los ojos, y de otras entidades informacionales complejas, Darwin
(sin querer) le movió la alfombra de debajo los pies de Dios.
Se nos dirá que si esa es la vida, que
si somos meramente el resultado de la propagación azarosa del DNA,
“tiene que haber mas que solo ello”. Porque tiene que haber mas
que ello?, no por la lógica ni la evidencia. No, la razón por lo
que “tiene que haber mas” es simplemente que el universo sería
un lugar mas cálido y amable, un lugar mas confortable donde vivir,
si hubiera “mas que eso”. Es este manido argumento del CONFORT
PERSONAL. Da cuenta del bizarro razonamiento: “ Si X es así, el
universo es un lugar intolerablemente absurdo y falto de sentido,
por lo tanto, X no puede ser”. O mas sucintamente, equivale a
decir, “la Naturaleza aborrece lo intolerable”. Lastima!
En todo caso, estos son temas que
merecen el mas amplio intercambio de ideas, y hay que decirlo:
“Muchas personas muy bien informadas piensan diferente”. Ahora
bien, ojalá en el futuro cercano oigamos en los púlpitos, en las
radios, en la televisión, y en las escuelas dominicales decir:
“Os advertimos, muchas personas bien informadas piensan que Dios
no existe en absoluto”.
Rolón Ríos