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Colaboración
n. 38 (15-8-03)
TITULO:
Profecía
sobre los reyes (Monarquía en Israel)
AUTOR: Ramón
Cánovas
La
única Profecía que se cumple de la Biblia y sin embargo, nadie la
menciona, es la que se refiere a lo que sucedería cuando el pueblo de
Israel tuviese un rey que les gobernara, textualmente, “como
tienen las demás naciones”.
En 1 Samuel 8,11, advierte Yahvé
al profeta Samuel cuales serían los comportamientos de los futuros reyes
si el pueblo (los pudientes de las casas de Israel) se seguían empeñando
en que se instituyese la monarquía.
Estos
son los derechos del rey que va a reinar sobre vosotros:
Tomará
a vuestros hijos, se servirá de ellos para sus carros y sus caballos, y
los hará correr ante su carro.
Los
empleará como jefes de mil, de ciento y de cincuenta.
Los
hará trabajar sus campos, segar sus mieses, fabricar sus armas de guerra
y el atalaje de sus carros.
Tomará
a vuestras hijas para perfumeras, cocineras y panaderas.
Se
apoderará de vuestros mejores campos, de vuestras viñas y de vuestros
olivares y se los dará a sus oficiales.
Os
cobrará los diezmos de vuestras mieses y de vuestras viñas para dárselas
a sus eunucos y oficiales.
Se
adueñará de vuestros criados y criadas, de vuestros mejores bueyes y
asnos para emplearlos en su servicio.
Os
exigirá el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus
esclavos.
Los
primeros intentos en las Tribus Hebreas de instaurar la monarquía, se da
con Gedeón después de la victoria militar sobre los madianitas. Pero
histórica y oficialmente el primer rey de Israel, según los textos a
petición del pueblo, fue Saúl. Samuel, último juez y además profeta y
sacerdote, se encargará de ungir a Saúl por mandato divino y presentarlo
ante la asamblea del pueblo como primer rey de Israel.
Sin
embargo, enseguida aparecerían las primeras luchas internas por la
corona. David entra en la corte de Saúl y a causa de sus éxitos
personales y guerreros despierta los recelos del monarca que termina
persiguiéndolo a muerte.
Tras
la muerte de Saúl guerreando contra los filisteos en la batalla del monte
Gélboe, David es proclamado rey, primero de Judá y después de todas las
tribus de Israel.
Es
cierto que Isbaal fue proclamado rey a la muerte de su padre Saúl. Pero
este reinado fue tan efímero (asesinado a los dos años) que oficialmente
no se le cuenta como segundo rey de Israel. Entonces David fue proclamado
rey de todas las tribus Hebreas, y en todas partes aparece como el segundo
rey de Israel.
David
conquista Jerusalén sobre los jebuseos y la hace capital del reino
unificado, extiende territorialmente sus dominios, y sofoca la rebelión
de su hijo Absalón.
Le
sucede Salomón, hijo de la última preferida de David, Betsabé, en
detrimento del primogénito vivo Adonias. Betsabé, el profeta Natán y el
sacerdote Sadot maniobran en la corte para que David eligiese a Salomón
como heredero al trono.
Salomón
tiene un reinado de consolidación de dominios territoriales y sin apenas
conflictos fronterizos. Lo que se traduce en los textos por centralismo
esplendor y construcciones. Construcción del Templo de Yahvé y el
Palacio Real. Para ese esplendor se necesita un sistema tributario que
hiciese llegar a la capital, Jerusalén, productos en especie: mieses, viñas,
ganados… que llegaron mediante la organización tributaria de doce
distritos territoriales. El esplendor se manifiesta en las construcciones,
en las comidas y veladas placenteras de la naciente aristocracia de
palacio y el harén y concubinas del rey.
Se
estaba cumpliendo al detalle la profecía de
1Samuel 8,11. Se estaba
haciendo realidad la profecía de que el monarca y su entorno acapararían
las riquezas y bienes de consumo en detrimento de las principales familias
periféricas y del pueblo en general. 1 Reyes 5,2: “La
provisión diaria de Salomón era de trece mil quinientos quilos de flor
de harina y veintisiete mil de harina corriente, diez toros cebados y
veinte de pasto, cien ovejas sin contar los ciervos, gacelas, corzos,
gansos y aves cebadas”. En 1 Reyes 11,3 podemos leer: “..y tuvo Salomón setecientas mujeres reinas y trescientas
concubinas”
Así
es como va creciendo el malestar y descontento contra el gobierno
centralista acaparador e injusto del rey Salomón. Primero se produce la
rebelión de Jeroboán que tiene que huir a Egipto donde se esconde hasta
la muerte del monarca. Cuando los Cabezas de las Casas de las Tribus se reúnen
para elegir sucesor, a la muerte de Salomón, éstos plantean un cambio de
gobierno económico y tributario al heredero natural Roboán: “Tu
padre hizo muy pesado nuestro yugo”. La propuesta no es admitida y
la contestación es que el gobierno será continuista: “Si
mi padre os cargó un yugo pesado, yo lo haré más pesado todavía”.
Por lo que 10 de las doce tribus se separan del rey de Judá, eligiendo a
Jeroboam. La división del reino de las tribus hebreas queda plasmada con
el reino de Israel con Jeroboán como monarca y el reino de Judá con
Roboán.
Ramón Cánovas
Agosto 2003
[Relacionado con el estudio *La
monarquía*: "Monarquía, no; monarquía, sí]
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