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Colaboración n. 22   (4-5-02)

TITULO: Falsos conceptos sobre el nacionalismo judío

AUTOR: Ramón Cánovas

 

 

 

 

Actualmente el nacionalismo judío es noticia diaria por la activación violenta del conflicto Palestino-Israelí. Dado que todas las tendencias en cualquier parte del mundo tienden a legitimarse acudiendo a datos históricos, pretendo hacer algunas puntualizaciones sobre el tema.

 

Cuando pronunciamos la palabra judaísmo, automáticamente nuestra cabeza nos retrotrae a hechos y personajes del Antiguo Testamento contenidos en la Biblia: Jacob, salida de Egipto, Moisés, reyes de Israel y de Judá. Esto sucede por las técnicas de interpretación que los grupos interesados hacen de los acontecimientos históricos. Así se hace realidad el dicho con el que funciona el mundo: “la verdad es la mentira continuamente repetida”.

 

La salida de Egipto de un pueblo escogido por dios, para la mayoría de investigadores independientes se sitúa en el marco de la expulsión de los Hiksos de las tierras del Nilo. Moisés tiene acentuados rasgos egipcios, pues el nombre, Moisés, es coincidente con la terminación egipcia “ses” –Ramses-. La idea de un monoteísmo ya se había dado anteriormente con el faraón Amenofis IV; y los Diez Mandamientos, todos los síntomas, es que son una versión modernizada y simplificada de la confesión del Libro de los Muertos en el país de los faraones. “Yo no he matado, yo no he robado, yo no he cometido actos impuros...”. Los Diez Mandamientos convierten la letanía en pasado del Libro de los Muertos, en imperativo presente en las Tablas de la Ley: “No matarás, no robarás....”. Lo primero que podemos observar, es que las ideas que plasman en sus textos las diferentes etnias, tribus y pueblos, no son genuinas, si no que todo se interrelaciona influyéndose en ambas direcciones los unos a los otros. Las tres grandes religiones monoteístas judaísmo, cristianismo e islamismo, beben de las mismas fuentes de origen, por lo que no tiene lógica que sólo el judaísmo se apodere de la tradición común más  antigua.

 

 Si entendemos el judaísmo –por lo menos, en sus primeros siglos de existencia a partir del segundo templo- como una ideología de estado socioreligiosa de carácter monoteísta, esto no se cumple, no sólo en el periodo de los Patriarcas y Jueces, sino que tampoco en el inicio de la monarquía con Saúl, David y Salomón. En los incipientes tiempos florecientes de la monarquía el reino es el de Israel, no estrictamente judío y la aristocracia centralista naciente con Salomón, tampoco tiene a Jahvé como único dios ni ha dejado de practicar las uniones con mujeres extranjeras (1 Reyes 11,1. Salomón, además de a la hija del faraón, amó a muchas mujeres extranjeras. Sin embargo, en tiempos de la reconstrucción del segundo templo, la norma de no mezclarse con mujeres extranjeras empieza a ser un mandato de ineludible cumplimiento. Hasta el punto, en que Esdras rasga sus vestiduras y cubre su cabeza de ceniza bajo un gran abatimiento de rodillas  ante el señor –Esdras, capitulo 9 y 10-.  En el capitulo de 1 Reyes 11, los textos nos muestran a Salomón ofreciendo sacrificios y culto a otros dioses: Astarté, Camós, Milcón.  A partir de la división del reino con los descendientes de Salomón, Joroboán rey de Israel al norte y Roboán rey de Judá al sur, el monoteísmo de Jahvé sigue sin implantarse entre las clases pudientes de ambos reinos. La queja constante del dios de los profetas, es que los reyes corren a ofrecer sacrificios a otros dioses. Obsérvese, que a los escribas de los libros sagrados no les preocupa la suerte del pueblo, lo único que les preocupa, es la actitud de la aristocracia para con Yahvé. El competidor más directo de Jahvé es Baal. Sin embargo, ambos tienen en común el innombrable de un antecesor: El – Eloin - “El que soy”, Exodo 3,14-. En esta lucha entre los partidarios de unos y otros dioses, cabe destacar a manos de Jehú, la muerte del rey de Judá Ococías y el exterminio de la dinastía de Ajab en Israel con la muerte del monarca Jorán y de toda su familia. Más tarde vendrían en esta línea, las reformas proyavistas en Judá de los reyes Ezequías y Josías.

 

Con la desaparición del reino de Israel convertido después en  Samaria y la vuelta de la aristocracia del reino del sur del exilio de Babilonia, va fructificando en Judá con la construcción del segundo templo, el inicio del nacionalismo judío. En este periodo, con Esdras como encargado por el rey persa Dario de reorganizar la vida de los exiliados, se acaba con la influencia de otros dioses y con la mezcla de mujeres extranjeras -Esdras 10: expulsión de mujeres extranjeras-. Para la mayoría de historiadores independientes, Esdras es el padre del nacionalismo judío. De aquí en adelante, ya no veremos en lo que queda de las tribus hebreas conflictos entre dioses. Veremos conflictos de distintas formas de interpretación del mismo dios entre clases sociales. Durante la dominación griega de los Tolomeos, que tratan de imponer el culto de sus dioses importados de Grecia –Zeus- se produce la primera guerra de guerrillas nacionalista encabezada por los Macabeos. Con los macabeos Juan Hircano y su hijo Aristóbulo, nos encontramos con el primer estado independiente judío. Este se extendía por Idumea, Samaria y Galilea –125-63 a.C. Mas tarde, con la dominación romana y la tolerancia que estos practicaron en asuntos religiosos, la sociedad estaba dividida en sectas, que todas ellas tenían como común denominador al mismo dios pero haciéndole distintas interpretaciones socioreligiosas. A su vez cada una de ellas, desarrolló una actitud  distinta ante el hecho de la dominación militar del Imperio Romano. Estos eran los Saduceos, Fariseos, Esenios y Zelotas. Los Saduceos eran la clase pudiente y sacerdotal; los Fariseos representaban a la clase media; los Esenios, los  ultrareligiosos de vida ascética; y los Zelotas, fueron los nacionalistas radicales violentos de clase baja. Durante toda la época romana, hay un conflicto latente entre el ejército de ocupación aliado con las clases pudientes judías y las clases mas bajas radicalizadas en mensajes de esperanza mesiánica a través, principalmente, de lideres Zelotas. Si acudimos a Flavio Josefo, el historiador mas documentado de ésta época, nos encontraremos con varios lideres de pretensiones de liberación nacionalista  mesiánica, como Judas de Ezequias, Athrongeo, Simón, el Egipcio, Alejandra, Eleazar, Manahemo, Nigro, Gioras, Kochsiva... Esta lucha ya no va solamente contra el ejército imperialista romano, si no que también, contra los colaboracionistas y traidores judíos que ostentan el sacerdocio del templo y el tribunal del Sanedrín. Por ello desarrollan un discurso a la vez que nacionalista, de antiriqueza. Interpretan riqueza igual a poder y colaboración con el ejército de ocupación. Durante esta época se producen continuas refriegas violentas, pero hay dos levantamientos triunfantes. En el año 66 dirigidos por Simón Bar Giora y Eleazar, las tropas romanas al mando de Cestio son derrotadas. A continuación, la reconquista la dirige el general romano Vespasiano con su hijo Tito. Estos llegan hasta Jerusalén y en el año 70 se produce la segunda y definitiva destrucción del templo. La última resistencia del Zelota  Eleazar en la fortaleza de Masada, la finaliza el general romano Silva en el año 74  después de un largo asedio al que respondieron los judíos con un suicidio colectivo al estilo de Numancia. En el 133  un nuevo levantamiento judío triunfante lo dirige Simón Bar Kohsiba. Éste recibe el reconocimiento popular de la profecía de Balaán: “Una estrella sale de Jacob y un cetro se levanta en Israel”-Números 24,17-. De nuevo se produce la reconquista romana, esta vez dirigida por el general Julio Severo que termina hacia el 135. A partir de esta fecha el judaísmo se dispersa, teniendo sus portadores una ideología nacional sin tierra donde asentar ese estado.

 

El Sionismo laico, racional y socializante, fue quién obtuvo el 29 de noviembre del 1.947 el voto favorable de la ONU para la creación del estado de Israel. Y el 14 de mayo de 1.948 el Consejo Nacional Judío, leía la declaración de independencia. Este Sionismo dominante en las luchas de aquellos años por el reconocimiento de un estado independiente judío, ha servido de catapulta al hiperjudaismo conservador religioso que hoy, parece, domina en la sociedad israelí.

 

Por lo tanto vemos, como la interpretación objetiva de la historia, hecha por tierra algunos discursos legitimadores del fundamentalismo judío. Por ejemplo, cuando se dice que el actual Israel debería tener la extensión de tierra que tubo con el reinado de Salomón. Cuando al reinado de Salomón, le separan del inicio del nacionalismo judío, alrededor de cinco siglos. E incluso, algunos rabinos actuales, retroceden mucho más, pues tienen a Josué, el iniciador de la conquista de la tierra prometida, como el primer jefe militar del nacionalismo judío. Como vemos, distorsionar la historia es una de las cosas que mejor hacemos los seres humanos.  

Ramón Cánovas

 

 

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