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Colaboración
n. 19 (4-3-02)
TITULO:
Encuentro
interreligioso por la paz
AUTOR: Ramón
Cánovas
Teniendo como figura central al
Papa Juan Pablo II, el jueves 24 de enero se celebraba en la localidad
italiana de Asís, un acto interreligioso en favor de la paz y por
la no utilización de la religión como legitimación de enfrentamientos
violentos entre comunidades. Por la forma y el fondo, el acto en si
tenía más, una carga de falsa propaganda que de intención real de
potenciar salidas pacíficas a confrontaciones de carácter nacional
religioso. Las religiones desde la época de la edad antigua han sido
el instrumento de expansión, conquistas, dominación, manejo, explotación
y luchas por el poder. La aniquilación de casas reales enteras eran
actos de justicia porque estaban bendecidas por Jehová o por Alá.
Ya se sabe que detrás de los vencedores siempre hay algún dios. Era
la época en que dios, rey, estado, era algo así como la santísima
trinidad, tres brazos que confluían en el mismo tronco del poder político.
Actualmente en occidente la influencia religiosa ha disminuido bastante,
hasta que en algunas naciones hay una completa separación de iglesia
y estado. En otras muchas aunque la separación es formal, ésta no
es real ni completa. Y las autoridades eclesiásticas se resisten abandonar
los privilegios que emanan de un estado que les favorece. No sucede
lo mismo en los países islámicos, donde siguen anclados en la mentalidad
de la Edad Media con armas del siglo XXI. Países donde el Corán es
la suprema norma legislativa, y donde su dios sigue impulsando la
Guerra Santa contra el infiel. Está claro que en todos los casos quien
más padece a estos dioses, son las capas más empobrecidas, porque
culturalmente están más indefensos ante la opresión religiosa. Aunque
también sucede que cuando la manipulación cultural no funciona, entra
en acción la represión física.
El acto interreligioso ya era
mosqueante por la presencia de personajes políticos como Silvio Berlusconi.
También dejaba mucho que desear por la no presencia de lideres de
peso del islamismo, judaísmo o budismo. Por ejemplo no estuvo el Dalay
Lama del Tíbet; tampoco representantes de católicos y evangélicos
de Irlanda; ni islámicos y judíos del conflicto árabe israelí; o la
máxima autoridad político religiosa de Irán, por mencionar los casos
más importantes que están siendo actualidad.
Para que el acto hubiese sido
creíble, tenían que haber publicado un manifiesto en el que admitieran
autocriticamente que las religiones en la historia han sido el principal
instrumento de dominación y confrontación para las luchas por el poder;
y seguidamente, abogar por la separación real de las religiones con
los estados políticos. Como a esto no están dispuestos el Dalay
Lama, el ayatolah Jamenei de Irán o el propio Juan Pablo II, a dejar
de recibir privilegios de los estados, todo queda en un acto falso,
hipócrita y propagandístico. Igual que ocurre con los deseos de paz
y felicidad de las navidades. Al siguiente día todos volvemos a nuestras
batallitas cotidianas, los de arriba a robar y explotar, y los de
abajo a correr y a sufrir.
Ramón Cánovas
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