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Colaboración
n. 17 (17-9-01)
TITULO:
El camino de
la libertad
AUTOR: Julio
César Millán Barco
No
debemos creer a los
muchos
que dicen que sólo
se
ha de educar al pueblo libre,
sino
más bien a los filósofos
que
dicen que sólo los cultos son libres.
EPICTETO,
filósofo romano y antiguo esclavo
Discursos
TRANSCRIPCIÓN
DE UNOS APARTADOS DEL LIBRO "EL
MUNDO Y SUS DEMONIOS" ESCRITOS POR CARL SAGAN Y ANN DRUYAN
Frederick
Bailey era un esclavo. En
Maryland, en la década de 1820, era un niño sin padre ni madre que
le cuidasen. (“es costumbre común – escribió más tarde-
separar a los niños de sus madres... antes de llegar al duodécimo
mes”. Era uno de los
incontables millones de niños esclavos con nulas perspectivas realistas
de una vida plena.
Lo
que Bailey vio y experimentó de pequeño le marcó para siempre:
“A menudo me han despertado al nacer el día de los alaridos
desgarradores de una tía mía a la que el supervisor solía atar a un
poste para azotarle la espalda desnuda hasta dejarla literalmente
cubierta de sangre... De la salida a la puesta de sol se dedicaba
a maldecir, desvariar, herir y azotar a los esclavos del campo...
Parecía disfrutar manifestando su diabólica barbarie”
A
los esclavos les habían metido en la cabeza, tanto en la plantación
como desde el púlpito, el tribunal y la cámara legislativa, la idea
de que eran inferiores hereditariamente, que Dios los destinó a la
miseria. La Santa Biblia,
como se confirmaba en un número incontable de pasajes,
consentía la esclavitud.
De ese modo, la “peculiar institución” se mantenía a sí misma
a pesar de su naturaleza monstruosa... de la que hasta sus practicantes
debían de ser conscientes.
Había
una norma muy reveladora: los esclavos debían seguir siendo analfabetos.
En el sur de antes de la guerra civil, los blancos que enseñaban
a leer a un esclavo, recibían un castigo severo.
“Para tener contento a un esclavo -
escribió Bailey más adelante-
es necesario que no piense.
Es necesario oscurecer su visión moral y mental, y siempre
que sea posible, aniquilar el poder de la razón”.
Ésta es la razón por la que los negreros deben controlar lo
que oyen, ven y piensan los esclavos.
Ésta es la razón por la que la lectura y el pensamiento crítico
son peligrosos, ciertamente subversivos, en una sociedad injusta.
Imaginemos
ahora a Frederick Bailey en 1829: un niño afroamericano de diez años,
esclavizado, sin derechos legales de ningún tipo, arrancado tiempo
atrás de los brazos de su madre, vendido entre los restos diezmados
de su amplia familia como si fuera un becerro o un poni, enviado a
una casa desconocida en una extraña ciudad de Baltimore y condenado
a una vida de trabajos forzados sin perspectiva de redención.
Bailey
fue a trabajar para el capitán Hugh Auld y su esposa Sophia, y pasó
de la plantación al frenesí urbano, del trabajo de campo al trabajo
doméstico. En este nuevo
entorno, todos los días veía
cartas, libros y gente que sabía leer.
Descubrió lo que él llamaba “el misterio” de leer: había una
relación entre las letras de la página y el movimiento de los labios
del que leía, una correlación casi de uno a uno entre los garabatos
negros y los sonidos expresados.
Subreticiamente, estudiaba el Webster
Spelling Book de Tommy Auld.
Memorizó las letras del alfabeto.
Intentó entender qué significaban los sonidos.
Finalmente, pidió a Sophia Auld que le ayudase a aprender.
Impresionada por la inteligencia y dedicación del chico, y
quizá ignorante de las prohibiciones, accedió a ello.
Cuando
Frederick ya empezaba a deletrear palabras de tres o cuatro letras,
el capitán Auld descubri lo
que sucedía. Furioso,
ordenó a Sophia que dejara aquello inmediatamente.
En presencia de Frederick, le explicó:
Un negro no debe saber otra cosa que obedecer a su amo... hacer lo que
se le dice. Aprender
echaría a perder al mejor negro del mundo.
Si enseñas a un negro a leer, será imposible mantenerlo.
Le incapacitará para ser esclavo a perpetuidad.
Auld
reprendió a Sophia con esta palabras como si Frederick Bailey no estuviera
en la habitación con ellos, o como si fuera un bloque de piedra.
Pero
Auld había revelado el gran secreto a
Bailey: “Ahí
entendí... el poder el hombre blanco para esclavizar al negro.
A partir de este momento entendí el camino de la esclavitud
a la libertad”
Desprovisto
de la ayuda de Sophia Auld, ahora reticente e intimidada,
Frederick encontró la manera de seguir aprendiendo a leer,
preguntando incluso por la calle a los niños blancos que iban a la
escuela. Entonces empezó a enseñar a sus compañeros esclavos:
“Habían tenido siempre el pensamiento en ayunas.
Los habían encerrado en la oscuridad mental.
Yo les enseñaba, porque era una delicia para mi alma”.
El
hecho de saber leer jugó un papel clave en su fuga.
Bailey escapó a Nueva Inglaterra, donde la esclavitud era ilegal
y los negros eran libres. Cambió
su nombre por el de Frederick Douglas
(personaje de La dama del lago de Walter Scott) eludió a los
cazadores de recompensas que perseguían a esclavos fugitivos y se
convirtió en uno de los mayores oradores, escritores y líderes políticos
de la historia americana. Toda
su vida fue consciente de que la alfabetización le había abierto el
camino.
Tiranos
y autócratas han entendido siempre que el alfabetismo, el conocimiento,
los libros y los periódicos son un peligro en potencia.
Pueden inculcar ideas independientes e incluso de rebelión
en las cabezas de los súbditos.
El gobernador real británico de la Colonia de Virginia escribió
en 1671:
Agradezco a Dios que no haya escuelas libres ni imprenta; y espero que
no tengamos durante los próximos cien años; porque el conocimiento
ha traído la desobediencia, la herejía y las sectas al mundo, y la
imprenta los ha divulgado y ha difamado al mejor gobierno.
¡Que Dios nos proteja de ambos!
Frederick
Douglas demostró que la alfabetización es el camino que lleva de la
esclavitud a la libertad. Hay
muchos tipos de esclavitud y muchos tipos de libertad.
Pero leer sigue siendo el camino.
Frederick
Douglas después de la fuga.
Cuando
tenía apenas veinte años, huyó hacia la libertad.
Se instaló en New Bedford con su esposa,
Anna Murray, y trabajó como jornalero común.
Cuatro años después, le invitaron a hablar en una asamblea.
En aquel tiempo, en el Norte, no era raro escuchar a los grandes
oradores del día- es decir, blancos- denostando contra la esclavitud.
Pero incluso muchos de los que se oponían a la esclavitud consideraban
a los esclavos algo inferiores a los humanos.
La noche del 16 de agosto de 1841, en la pequeña
isla de Nantucket, los miembros de la Sociedad Antiesclavista
de Massachusetts, mayormente cuáquera, se inclinaron hacia delante
en sus asientos para escuchar algo nuevo: una voz que se oponía a
la esclavitud de alguien que la conocía por amarga experiencia personal.
Su
mero aspecto y porte destruía el mito entonces prevaleciente del “servilismo
natural” de los afroamericanos.
Al decir de todos, su elocuente análisis de los males de la
esclavitud fue uno de los debuts más brillantes en la historia de
la oratoria americana. William
Lloyd Garrison, el principal abolicionista del día, estaba sentado
en primera fila. Cuando
Douglas terminó su discurso,
Garrison se levantó, se volvió hacia la asombrada audiencia
y los desafió con una pregunta a gritos:
-
¿Acabamos de escuchar a una cosa, un bien mueble, o a un hombre?
-
¡Un hombre! ¡Un hombre! – respondió la audiencia con una sola voz.
-
¿Se puede mantener a un hombre así como esclavo en una tierra cristiana?
– preguntó Garrison.
-
¡No! ¡No! – gritó la audiencia.
Y
aún más alto, Garrison
inquirió:
-
¿Se podría obligar a
un hombre así a volver a la esclavitud desde la tierra libre del viejo Massachusetts?
Y
el público, ahora puesto en pie, exclamó:
-
¡No! ¡No
Nunca
volvió a la esclavitud. En
cambio, como autor, editor y productor de periódicos, como orador
en Estados Unidos y en el extranjero, y como primer afroamericano
que ocupó una lata posición de asesoría en el gobierno, dedicó el
resto de su vida a luchar por los derechos humanos. Durante la guerra civil fue consultor del presidente Lincoln.
Douglas abogó con éxito por armar a los esclavos para luchar
con el Norte, por la venganza federal contra los prisioneros de guerra
confederados acusados de la ejecución sumaria de los soldados afroamericanos
capturados, y por la liberta de los esclavos como principal objetivo
de la guerra.
Muchas
de sus opiniones eran mordaces, poco aptas para hacerle ganar amigos
en altos cargos:
Afirmo sin el menor género de dudas que la religión del sur es una mera
cobertura para los crímenes más horribles... una justificación de
la barbarie más espantosa, una santificación de los fraudes más odioso
y un oscuro refugio bajo el que los actos más oscuros, más asquerosos,
más burdos e infernales de los negreros encuentran la mayo protección.
Si me volvieran a reducir a las cadenas de la esclavitud, después
de aquella esclavitud, consideraría la mayor calamidad que podía acontecerme
ser esclavo de un amo religioso... Yo ... detesto el cristianismo
que maltrata a las mujeres, les roba a los hijos en la cuna, corrupto,
esclavista, parcial e hipócrita de esta tierra.
Comparado
con la retórica racista de inspiración religiosa de aquella época
y posterior, lo comentarios de Douglas no parecen una hipérbole.
“La esclavitud es de Dios”,
solían decir en tiempo anteriores a la guerra.
Como un ejemplo odioso de los muchos de después de la guerra
civil, el libro de Charles Carroll
The Negro a Beast (St. Louis:
American Book and Bible House) enseñaba a los lectores piadosos
que “la Biblia y la
Revelación Divina, además de la razón, enseñan que el negro no es
humano” Más recientemente,
algunos rechazan todavía
el sencillo testimonio escrito en el ADN de que no sólo todas las
razas son humanas sino prácticamente indistinguible y mencionan la
Biblia como “baluarte inexpugnable”
para no examinar siquiera la prueba.
Vale
la pena apuntar, sin embargo, que gran parte del fermento abolicionista
surgió de comunidades cristianas, especialmente cuáqueras, del Norte;
que las Iglesias cristianas negras del Sur representaron un papel
clave en la lucha por los derechos civiles americanos de la década
de los setenta; y que
muchos de sus líderes – el más notable,
Martin Luther King, Jr
1, - eran ministros ordenados de
estas Iglesias.
Douglas
se dirigió a la comunidad blanca con estas palabras:
La esclavitud pone grilletes a nuestro progreso, es enemiga de la mejora,
es enemiga mortal de la educación; alienta el orgullo, alimenta la
indolencia, promueve el vicio, da refugio al crimen, es una maldición
de la tierra que la mantiene y sin embargo, os aferráis a ella como
si fuera la tabla de salvación de todas vuestras esperanzas.
En
1843, cuando se encontraba dando conferencias en Irlanda poco antes
del hambre de la patata, le conmovió la absoluta pobreza de aquel
lugar y escribió a Garrison:
“Veo aquí muchas cosas que me recuerdan mi antigua condición
y confieso que me avergonzaría elevar mi voz contra la esclavitud
americana, pero sé que la causa de la humanidad es la misma en el
mundo entero”. Se opuso
francamente a la política de exterminio de los nativos americanos. Y, en 1848, en la Convención de Seneca Falls,
cuando Elizabeth Cady Stanton 2
tuvo la osadía de pedir un esfuerzo para asegurar el voto de la mujeres,
Douglas fue el único hombre de cualquier grupo étnico que se
levantó para apoyar la propuesta.
La
noche del 20 de febrero de 1895 – más de treinta años después de la
Emancipación- tras una aparición en un mitin por los derechos de la
mujer junto a Susan B. Anthony,
sufrió un colapso y murió.
Julio
César Millán Barco
Notas:
1.
Es
muy común escuchar entre los cristianos decir “ellos no eran verdaderamente
cristianos” cuando se les recuerda a los individuos que siendo practicantes
de ese credo, cometieron atrocidades precisamente en nombre de Cristo.
Eso es conocido como la falacia del “no hay ningún escocés
verdadero”. Si para ser
cristiano hay que ser cristiano verdadero habría que seguir la Biblia
completamente o al menos el Catecismo entre los católicos, no habría
lugar para la falla, ni para el pecado, mucho menos para la redención.
Significaría que nunca hubo realmente un cristiano verdadero
porque todos en alguna medida u otra pecaron y para excusar ese acto
también podríamos decir “es que no eran verdaderos cristianos”.
Por ejemplo en el caso de Martin Luther King Jr (quien por
cierto llevaba el mismo nombre de uno de los mayores incendiarios
y antisemitas del cristianismo:
Martín Lutero), podríamos decir que él no era un verdadero
cristiano porque era reconocida su tendencia a tener relaciones extramatrimoniales,
lo cual dejaría sin piso la afirmación de que él era un cristiano
bueno, porque al ser adúltero no era un verdadero cristiano.
[Nota del autor del artículo]
2.
Años más tarde, escribió sobre la Biblia con palabras que recordaban
las de Douglas: “No
conozco otro libro que preconice tan plenamente el sometimiento y
degradación de las mujeres” [Nota
de los esposos Sagan]
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