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Colaboración
n. 10 (29-12-00)
TITULO:
¿Socialismo
en la Biblia?
AUTOR: Ramón
Cánovas
Algunos
estudiosos del Antiguo Testamento quieren ver en Éxodo 16,16 y siguientes,
un rastro de posible organización de economía colectiva, pues en la
descripción que se hace de la recogida y reparto del maná, nadie tenia
más de lo que necesitaba. Dice el documento literalmente:
“..cuando lo midieron, el que había recogido mucho no tuvo de más
y el que había recogido poco no tuvo de menos, sino que cada uno tenía
lo que necesitaba para su sustento”. Me parece que el texto lo
menciona más como una explicación de cómo pudieron hacer la travesía
del desierto que por una pretendida intención divina de que la organización
económica de las tribus hebreas fuese la de un sistema de comunismo
primitivo. Muchos investigadores han apuntado la imposibilidad de
que una cantidad como la que se da en Números 1, 46 de 603.550 varones
mayores de 20 años aptos para la guerra (sin contar mujeres, ancianos
y varones menores de 20 años; lo que podía suponer una cantidad de
alrededor de 1.500.000 personas) pudiesen hacer la travesía larga
por una tierra sin medios de subsistencia; poniendo a su vez en tela
de juicio, toda la historia de la salida de Egipto. Como todos sabemos,
la sociedad que portaba Israel era patriarcal, de economía feudal
(cada cabeza de familia era absolutamente dueño de todas sus propiedades)
e incluso esclavista.
Sin
embargo, en el Nuevo Testamento, en la incipiente comunidad cristiana
de la iglesia de Jerusalén, en Hechos de los Apóstoles 2,44-45; 4,32-36
y 5,1-11 si nos encontramos con unos textos en donde se describe una
organización económica socializante. Modo económico de vida éste,
que no sabemos hasta que punto sería cierto. Literalmente dice el
texto: Todos los creyentes tenían
un solo corazón y una sola alma, y nadie llamaba propia cosa alguna
de cuanto poseían, sino que tenían en común todas las cosas. Mas
adelante en Hechos 5,1 y siguientes, se cuenta el pasaje de una familia
que, habiendo vendido un campo se quedan con una parte del precio
de la venta entregando el resto a la comunidad. Pero como el Espíritu
Santo todo lo ve, al reprochárseles su acción caen fulminantemente
muertos. El relato, como todos los de la Biblia, tiene sus lagunas
y ambigüedades. No explica si Ananias y su mujer Safira, vendieron
todas sus propiedades para donar el producto a la comunidad, o sólo
era una donación libre de una parte de su hacienda. No tiene lógica
vender el campo, pues parece que sería más rentable conservarlo en
manos del colectivo para hacerlo productivo mediante un sistema de
trabajo socialista. La historia según la veo, se cuenta con ánimo
de infundir miedo a los posibles donantes para que no engañen diciendo
que dan cantidades que no se ajustan a la realidad; o que ocultan
riquezas para decir que no pueden dar más. La moraleja muy bien podría
ser, que el Espíritu Santo todo lo ve, y sabe hasta donde puede el
adepto dar. En otra parte del Nuevo Testamento, se muestra una solicitud
de colecta en la que se exhorta a que cada uno de lo que pueda, pero
que sean generosos: 2 Corintios capítulos 8 y 9.
En
el libro “Historia de la Iglesia”,
de Ludwig Hertling, editorial Herder, hablando sobre la economía de
los primeros cristianos viene a decir, que hacia el siglo II d.C.
los clérigos superiores solían transferir su patrimonio privado a
la iglesia. Pone el ejemplo de Marción en Roma, que ingresó en el
clero aportando su patrimonio, el cual le fue devuelto cuando acusado
de hereje fue excomulgado.
De
todo esto se desprende, que la primera comunidad cristiana ya desgajada
del judaísmo, eran muy solidarios entre ellos. Pero ni por su conducta
ni por sus enseñanzas, eran un peligro para los amos, las autoridades
políticas y los pudientes (el poder constituido). Sus textos pidiendo
a los fieles sumisión y obediencia ciega a la autoridad política y
al amo, están bien a
la vista en la literatura epistolar: Tito 3,1; 1Pedro 2,13-18; 1Corintios
7,20; de donde podemos extraer dos citas: “Los
siervos estén con todo temor sujetos a sus amos, no sólo a los afables,
sino también a los rigurosos”; y
“Estad sujetos a toda institución humana, ya al emperador como soberano,
ya a los gobernadores como delegados suyos”. Y está la carta de
Pablo a los Romanos, capítulo 13 que no tiene desperdicio. Pues en
ella, además de aceptar que el poder viene de Dios, se da carta blanca
a las autoridades para que a su antojo castiguen cómo y cuando quieran
a los que no sean lo suficientemente obedientes. Además si verdaderamente
los cristianos hubiesen sido un peligro para el orden establecido,
nunca hubiesen obtenido el beneplácito y los favores del Imperio.
Actualmente
también, sobre todo los evangelistas
(protestantismo) utilizan la caridad y donativos como instrumento
de solidaridad entre los adeptos más necesitados; como pueden ser
personas en paro con poco subsidio o sin él, capas marginales, etc.
Sin embargo, todas estas iglesias son antiparticipativas en actividades
sociales comprometidas (sindical y política) y por supuesto, contrarios
a las corrientes de economía socializante o contra el poder conservador
(anarquismo, marxismo, etc.). Son lo peor del falso apoliticismo.
La
política de beneficencia de la iglesia Católica, es de todos conocida
con la madre Teresa de Calcuta a la cabeza. Cuando esta organización
terrenal, es una de las bases principales en Occidente y Latinoamérica,
sobre la que se sustentan los grandes poderes económicos privados.
Ella, (la Iglesia católica) sabe que su práctica soluciona muy poco
a los de abajo, y su discurso de aceptación y resignación, le es de
mucha utilidad a los de arriba.
Los
textos del Nuevo Testamento que hablan de una economía colectiva,
corresponden a un periodo muy temprano de la iglesia de Jerusalén.
Hechos 2,44: Todos los creyentes
vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían las posesiones y
haciendas y las distribuían entre todos según las necesidades de cada
uno. Este texto se sitúa inmediatamente después de la desaparición
de Jesús. Lo que significa que la secta es aún reducida y siguen en
la convicción del inmediato advenimiento del Reino de los Cielos. Es por ello que no están pensando en un futuro
modo de producción comunitaria, ni están desarrollando una estrategia
para conseguirlo; de ahí que vendan sus posesiones. Sino que están
convencidos, de que se encuentran a las puertas del desenlace del
final de los tiempos y se están preparando para ello. En este ambiente
los fieles carecen de un proyecto de futuro terrenal y no es su intención
desarrollar una estrategia de cambio social, sino que todo les vendrá
dado a través del inmediato final. Si se hubiese tratado de socializar
los medios de producción, no hubiesen vendido como indican los textos;
por lo tanto de lo que se trataba era de socializar las inmediatas
necesidades. En este sentido es sintomática la coincidencia con lo
que el texto dice que Jesús recomienda hacer a un hombre para alcanzar
la vida eterna: vender todas
sus pertenencias, dárselas a los pobres y seguirle (Marcos 10,18).
Pero cuando el tiempo va transcurriendo, el reino no se realiza y
la esperanza se va alargando, el modo de vida colectivo va decayendo
hasta encontrarnos con las epístolas anteriormente mencionadas. En
las cuales, ya abiertamente, se decantan por el poder establecido
y se van preparando para formar parte del poder terrenal del que tanto
hacían ascos en tiempos de Jesús.
Ramón
Cánovas
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