*Spe salvi
contiene la esencia del pensamiento del teólogo Joseph
Ratzinger: subraya que son convenientes las libertades
políticas y sociales, pero se opone a que la fe
constituya una cuestión privada. Exige que el
cristianismo vuelva a ser militante y se erija en centro
de la sociedad. Desde Francis Bacon (1561-1626), el
pensador inglés que planteó la necesidad de separar el
Estado de la Iglesia y definió como "irracional" la fe,
por proceder de una revelación, el mundo se ha guiado,
según el Papa, por "esperanzas terrenas" como la
ilustración y el marxismo, que "han fracasado".
"Sin Dios, el mundo es
oscuro y se enfrenta a un futuro tenebroso", "un mundo
que administra la justicia por sí solo es un mundo sin
esperanza", se afirma en la encíclica.
El Papa critica el
desplazamiento de la fe hacia el terreno de lo privado y
lo ultraterrenal y, como en su discurso de Ratisbona
(Alemania), uno de cuyos pasajes irritó a los
musulmanes, insiste una y otra vez en que razón y fe no
son antitéticas, sino complementarias e imprescindibles
la una para la otra.
La argumentación papal
establece que una sociedad estrictamente laica, y en
especial si es atea, no es capaz de administrarse a sí
misma y conduce a un callejón sin salida. Ese argumento
forma parte del arsenal del integrismo decimonónico, y
puede suscitar polémicas. Benedicto XVI no propone
una teocracia en las formas, pero sí en la esencia.
También resulta curioso,
y potencialmente polémico, que pese a sus esfuerzos
ecuménicos, no haga referencia a las posibilidades de
salvación de ortodoxos y protestantes, y que, tras
plantear varias propuestas de diálogo con los musulmanes
(cuya fe, según el catolicismo, no permite la
salvación), omita mencionar a una de las grandes
religiones mundiales. Resulta hasta cierto punto
inesperado el elogio a la capacidad de análisis y al
vigor intelectual de Karl Marx, "cuyo error fue el
materialismo".
"El cristianismo no
trajo consigo un mensaje político-revolucionario como
aquel con el que Espartaco, en lucha cruenta, había
fracasado", dice el Papa, "sino algo totalmente
distinto: el encuentro con el Señor de todos los
Señores".
Buena parte del texto se
dedica a la escatología. El juicio final, explica, no
será el asunto "amenazante y lúgubre" mostrado por el
arte de la contrarreforma, pero tampoco habrá "un
borrador" que suprima los pecados. "La cuestión de la
justicia constituye el argumento esencial, o al menos el
más fuerte, en favor de la vida eterna", dice, porque
"es imposible que la injusticia de la historia
constituya la última palabra". "La gracia no excluye la
justicia", sigue, "y al final, en el banquete eterno,
los malvados no se sentarán tranquilamente al lado de
las víctimas, como si nada hubiese ocurrido".*
La propia noticia, en
los diferentes medios, ya aporta por sí misma las
objeciones que merece, y que, como bien dice, la misma
encíclica provoca: lo racional, la razón, no es
suficiente para el ser humano; necesita de algo
indemostrable, de una ilusión, de humo... aunque el
autor de la encíclica demuestra saber mucho sobre la
vida eterna, el infierno, el purgatorio, la justicia de
su dios.
En el `Día
Internacional contra el sida´, Sanidad se plantea
abaratar el precio de los preservativos, dice otra
noticia del mismo día.
Tal vez alguien
debería advertir a Su Santidad que estamos en el siglo
XXI, y que sólo unos cuantos fanáticos y los
desinformados de lo que es en realidad su creencia le
hacen caso: supongo que él, desde su silla pontificia,
rodeado de mil y una comodidades y prohibiendo el uso de
los preservativos, se sentirá víctima; los malvados son
los demás.
¿Quiénes son las
víctimas y quiénes los malvados para Benedicto XVI?
¿Cómo cree que `Dios´ administra justicia en el mundo?
¿Por medio de quién? ¿De qué justicia habla? ¿Su
Iglesia, o más bien su creencia, representa un modelo de
justicia? ¿A qué materialismo se refiere? ¿Su Iglesia o
creencia no tiene que ver nada con el materialismo?...
¿Desde cuándo *El
juicio final no será el asunto "amenazante y lúgubre"
mostrado por el arte de la contrarreforma* es asunto del
arte de la contrarreforma y no bíblico?... ¿Es que no se
sabe la Biblia? ¿No será amenazante y lúgubre, pero hay
infierno?
Integrismo
decimonónico, en efecto, en pleno siglo XXI y sin
aprender de errores pasados: Benedicto XVI no propone
una teocracia en las formas, pero sí en la esencia.